"En este formidable libro, Bernardo Penoucos trabaja sobre la mirada. La propia. La nuestra. Para sacudirla. Para reconfigurarla con las herramientas de la poesía y la crónica. Para invitarnos a ver y sacarnos de encima la indolencia, la comodidad y el cinismo. O cualquier otra treta de esas que abundan o nos inventamos para caminar la vida entre tanta exclusión y violencia normalizada. Por eso, desde su primer poema, Bernardo elige la primera persona y el verso es un imperativo: "Diga/ Dígalo/ Digámoslo y que alguien escuche/ Que nos escuchen/ Y si de nuevo nadie escucha, entonces, nosotros seremos el viento arremolinado que todo lo arrasa / Y seremos la vida, apareciendo...". Batalla gigante la que emprende Bernardo: sacudir la pereza del sentido común para volver a mirar. Desmontar el miedo para volver a mirar. Y así achicar la distancia con aquellos que son invisiblizados o demonizados por los relatos mediáticos. Porque si no achicamos la distancia, no hay proyecto igualitario posible, no podemos responsabilizarnos por el destino de esos otros. No podemos aspirar a la felicidad colectiva. Por eso lo primero es ejercitar una mirada que sea capaz de reconocernos en la vulnerabilidad del otro. La vulnerabilidad del otro como espejo de la propia vulnerabilidad, es decir, de la condición humana".

Ana Cacopardo, en el prólogo.

Conmuévanse, crónicas urgentes desde el despojo - Bernardo Penoucos

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"En este formidable libro, Bernardo Penoucos trabaja sobre la mirada. La propia. La nuestra. Para sacudirla. Para reconfigurarla con las herramientas de la poesía y la crónica. Para invitarnos a ver y sacarnos de encima la indolencia, la comodidad y el cinismo. O cualquier otra treta de esas que abundan o nos inventamos para caminar la vida entre tanta exclusión y violencia normalizada. Por eso, desde su primer poema, Bernardo elige la primera persona y el verso es un imperativo: "Diga/ Dígalo/ Digámoslo y que alguien escuche/ Que nos escuchen/ Y si de nuevo nadie escucha, entonces, nosotros seremos el viento arremolinado que todo lo arrasa / Y seremos la vida, apareciendo...". Batalla gigante la que emprende Bernardo: sacudir la pereza del sentido común para volver a mirar. Desmontar el miedo para volver a mirar. Y así achicar la distancia con aquellos que son invisiblizados o demonizados por los relatos mediáticos. Porque si no achicamos la distancia, no hay proyecto igualitario posible, no podemos responsabilizarnos por el destino de esos otros. No podemos aspirar a la felicidad colectiva. Por eso lo primero es ejercitar una mirada que sea capaz de reconocernos en la vulnerabilidad del otro. La vulnerabilidad del otro como espejo de la propia vulnerabilidad, es decir, de la condición humana".

Ana Cacopardo, en el prólogo.